
El trabajo en las eras
Primero se barría la era
y se preparaba para cuando se trajeran los haces. Después se "acarriaban"
los haces con el carro y se traían desde
las tierras hasta las eras. Luego se hacían las hacinas, que eran los
montones donde se colocaban los haces y, por último, se trillaba.
Para trillar se empezaba
por echar la parva, que consistía en desatar los haces y echarlos
extendidos por toda la era. Luego se enganchaban los machos al trillo
y... ¡a trillar!. Y después se tornaba con la horca para dar la vuelta a
la parva y que todo quedase bien trillado.
Al mediodía volvíamos a
renovar la parva y más tarde tornábamos con la pala. Por la tarde se
recogía todo con los rastros y con una rastra que se enganchaba a los
machos. El montón de paja y grano se hacía con bieldas y bieldos y se
dejaba en medio de la era. Al día siguiente se volvía a echar otra
parva, y así todos los días hasta que se acababa.
La era se barría con una
escoba de las que se llamaban "garranchudas". Se cogían ramas en el río,
se ataban y con eso se hacían las escobas.
Las eras las barríamos
las mujeres. Cogíamos una hoz y cortábamos los cardos, y luego barríamos
la era con las escobas "pinchudas" o "garranchudas" antes de descargar
los haces.
Los haces se descargaban
del carro y se echaban al suelo. Luego se hacía la hacina. La hacina se
hacía toda la era adelante, se ponían unos haces encima de otros -como
hacemos con la leña. Se hacía una hacina por cada clase de grano: una
para el trigo, otra para la cebada, otra para la avena y otra para el
centeno, porque entonces se sembraban de los cuatro panes.
Primero se trillaba la
cebada, luego el trigo, después la avena y luego el centeno para sacar
bálago y hacer las moragas. Más tarde teníamos que "esgranar" el centeno
-dando golpes a los puñadillos en un banco- para poder hacer la moraga.
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También había que beldar y poner la paja a un lado y
el grano a otro. Las granzas se colocaban al otro
costado. Y, entonces, los hombres... ¡dale que te
pego a la volandera!, a la máquina de beldar. Aunque
también se beldaba a bieldo cuando no se tenía
máquina.
Después había que llevar la paja a los pajares. Se
llenaban los carros de paja y se descargaban al lado
del pajar. En el pajar había una "boquera" y se
metía la paja por esa "boquera" con los bieldos. Para llevar la paja había quien ponía unas redes: una red adelante y otra atrás. Estas redes hacían como una especie de bolsas y así se podía llevar más paja a un mismo tiempo.
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Trillaban igual los hombres que las mujeres, y
también lo hacían los chicos.
El trillo es como una tabla grande de madera.
Lleva un enganche adelante, en el cabezal, y ahí
se enganchaban los machos y... ¡a dar vueltas!.
Poníamos un "siento" dentro del trillo y allí
nos sentábamos. Los trillos los traían de
Puente del Arzobispo.
Una vez te metías en el trillo, si querías cantar, pues cantabas. También nos dormíamos algunas veces. Había quien cantaba muy mal. Al lado de mi era trillaba una mujer que cantaba:
A veces
arrollaba el trillo. Esto era cuando
cogía la paja entre las piedras de la
era y las sierras del trillo y lo iba
recogiendo todo. Se ve que había algún
nudo entre las pajas y el trillo
"empenzaba" a arrollar.
Cuando nos
dormíamos en el trillo, los machos daban
vueltas y más vueltas por el mismo sitio
y no se trillaba lo demás de la parva.
Algunas veces, según estabas durmiendo,
cogían los machos y se salían de la era
con trillo y todo.
A la era se llevaba
la "botija" y el porrón. Almorzábamos
allí y luego
echábamos un trago
de agua o de vino de cuando en cuando.
Para almorzar... se llevaba lo que
hubiera: a veces un poco de cebolla y un
cacho de pan, otras llevábamos un
"torrenillo". Y para la merienda
comíamos cebolla, pimiento y pepino, es
decir, de lo que daban los huertos. El
que no tenía, pues los compraba;
entonces se compraban por docenas los
pimientos y los pepinos; y las cebollas
por horcas.
chicos. Las chicas también nos
quedábamos a tener cuenta del
grano; nos llevaban la cena a la
era y nos quedábamos allí a
dormir. Nos metíamos en un saco
y nos arropábamos con una manta
o con un capote.
Para
sacar bálago cogíamos los
puñados de centeno y los
sacudíamos para que "caerían"
las pajas más cortas. Luego
pisábamos las puntas de atrás
para sacar las más largas y
dábamos unos golpes en un banco
y "esbalábamos" las espigas para
que se "esgranaran" y cayera el
grano al suelo. Y después con
esos manojos íbamos haciendo la
moraga. Luego se ataba la moraga
y se guardaba en el pajar o
donde fuera para hacer los
ataderos al año siguiente.
Se
beldaba con el bieldo hasta que
tuvimos máquinas. Se beldaba con un
bieldo de madera que tenía gajos.
Sólo se podía beldar cuando hacía
aire solano o bajero, que eran los
dos aires con los que se beldaba.
Después había que entalegar el grano, cargarlo en los carros y traerlo a la cámara de casa. Y luego, para irlo a vender, teníamos que bajar otra vez los sacos de la cámara y cargarlos en los carros.
La siega
Se
empezaba a segar cuando los
trigos estaban secos, más o
menos por el día de San Juan o
San Pedro.
Llevábamos la zoqueta, que era
una cosa de madera como a modo
de guante pequeño. Nos la
poníamos en la mano izquierda,
metiendo los tres dedos más
pequeños y dejando fuera el dedo
gordo y el siguiente para poder
coger la manada de espigas que
se cortaba con la hoz. Llevaba
también un agujero redondo en la
punta y se ataba a la muñeca con
una cuerda o con un hiladillo.
Para
segar se necesitaba también una
hoz, que era una cosa curvada
con corte para segar las espigas
y llevaba un mango de madera por
donde se cogía, generalmente con
la mano derecha, a no ser que se
fuera zurdo.
Se
llegaba a la tierra y se hacían
los ataderos de las moragas de
centeno que se habían guardado
el año anterior. Se cogían dos
manojos pequeños de centeno y se
ponían uno hacia cada lado, con
las espigas juntándose; se hacía
un nudo por debajo de la espiga
y se ataba. Se iban dejando a un
lado y luego servían para atar
las gavillas y hacer los haces.
Después se cogía un surco cada
uno de los segadores y se iba
segando hasta que se acababa la
tierra. Se iban haciendo
gavillas, que eran un brazado
del cereal que se estuviera
segando, y con tres gavillas se
hacía un haz y se ataba con el
atadero. Los haces se iban
echando a un lado para
recogerlos después y hacer la
mostela.
Para
hacer la mostela se juntaban los
haces y se iban poniendo unos
encima de otros haciendo cuatro
o seis filas. En la fila de
tocando al suelo se ponían más
haces, y luego se iban poniendo
cada vez menos en las filas de
arriba; de esa manera no se
caían los haces. En cada tierra
se hacían tres o cuatro mostelas
y a veces más, según las cargas
que hubiera, y se dejaban allí
hasta que se iba a acarrear.
Iba
toda la familia a segar: lo
mismo iban los hombres que los
chicos, y también las mujeres.
Si la mujer se quedaba en casa,
se solía venir a comer al
pueblo; y si iba a segar, se
llevaba la comida al campo y se
comía allí. Pero generalmente
eran las abuelas las que se
quedaban en casa y hacían la
comida y cuidaban los chicos de
toda la familia, es decir, de
todos los nietos que tuvieran. A
veces alguna abuela se quedaba
al cuidado de 12 o 15 chicos
pequeños.
A
segar se iba muy pronto, a veces
a las cinco o las seis de la
mañana, y sólo se descansaba una
hora o así para almorzar. Luego
se comía a la una del mediodía.
Si se comía en la tierra, se
solían llevar unas sopas de ajo
o recocidas y un torreno” o un
trozo de chorizo: lo que hubiera
en casa. En aquellos tiempos se
tenía poco. El que tenía
chorizo, llevaba chorizo, y el
que no, pues tocino rancio.
A
segar se iba andando o en
caballerías. Primero se segaban
las cebadas; después, creo que
los trigos y los centenos los
segábamos a un tenor; y lo
último las avenas.
|
El centeno se
molía para los
cochinos. El
trigo se vendía
para hacer
harina y después
para comprar o
hacer el pan; la
cebada se echaba
a los machos y
la avena a las
gallinas, aunque
las gallinas
comían de todo.
Con el centeno
también se
sacaba
encañadura, pero
eso se hacía ya
en la era. Se
cogía un manojo
y se golpeaban
las espigas en
una tabla o en
un banco de
madera para que
cayera el grano.
Después se daban
unos golpes al
manojo para que
igualaran las
espigas y se
juntaban varios
manojos para
hacer la moraga,
que se ataba por
arriba y por
abajo y se
guardaba en el
pajar hasta el
año siguiente. Antiguamente algunos venían cantando todo el camino, y otros rezando, bueno... , jurando quiero decir. Y el que no tenía caballería iba y venía andando y con la alforja al hombro. |
En las alforjas llevábamos
la comida y una bota o
garrafa de vino, o una
botija de agua. La botija
era como un cantarito
pequeño, con una boca
estrecha y un asa. La boca
se tapaba con un tapón para
que no se "varciara” el
agua.
Mientras estábamos segando,
no se guardaban los
domingos. Sólo se guardaba
Santa Sinforosa el día 18 de
julio; Santiago el 25 y
Santo Domingo el 4 de
agosto. Se segaba los
domingos para acabar antes,
pues si llegaba algún
nublado nos dejaba sin
cosecha; por eso había que
recogerlo cuanto antes.
Si alguno caía malo, iban a
segar sus tierras los de la
familia una vez que habían
acabado las suyas. De que
terminaban de segar, iban a
echar una mano al que estaba
malo.
Algunos cogían obreros para
segar, porque no tenían
gente en la familia o porque
tenían muchas tierras, pero
por un general lo hacían
entre los de la familia,
porque entonces tampoco se
tenían muchas tierras, y
casi todas eran muy
pequeñas. Algunos hombres de
aquí sí que iban de obreros
a otros pueblos durante la
siega. Pero, por un general,
se segaba todo entre la
familia, cada uno lo suyo.
El que tenía mucho, tardaba
más; y el que tenía poco,
acababa enseguida.
Si había algún nublado,
corríamos a resguardamos a
los corrales de las ovejas y
nos estábamos allí hasta que
escampaba; luego nos íbamos
otra vez a segar.
Cuando se ponía de nublado
se rezaba a Santa Bárbara,
pero lo que más hacían los
hombres era jurar, y las
mujeres regañar. Si
estábamos en casa y se
preparaba un nublado y caía
piedra, tirábamos a la calle
los cantos que habíamos
cogido en el bautizo del
cirio, y también tirábamos
el agua.
El Sábado Santo, cuando
íbamos a bautizar el cirio,
cogíamos siete piedras.
Tenían que ser piedras, pues
los guijarros no valían, y
las escondíamos en algún
agujero o rinconcito
alrededor de la iglesia.
Luego, cuando tocaban a
gloria, salíamos corriendo y
las recogíamos; volvíamos a
entrar en la iglesia y allí
se bendecían. También
cogíamos agua de la de
bautizar el cirio. La
cogíamos en una jarra y
después la echábamos en una
botella cuando llegábamos a
casa. Estas piedras y esta
agua se tiraban a la calle
cuando había nublado, pero
sólo si caía piedra, si sólo
era de agua no se tiraba
nada.
Cuando se acababa la siega, empezábamos a acarrear y se traían los haces a la era con los carros
Los cultivos de los huertos
Los huertos son unas
pequeñas parcelas de
tierra, generalmente
tapiadas, donde se
cultivan algunas
legumbres y
hortalizas. Tienen
un pozo para su
riego y las tapias
son de adobe.
Hasta los años sesenta, cada familia cultivaba uno o más huertos. Después, la mayoría quedaron abandonados.
Para el cultivo de
los huertos se
prepara la tierra de
la forma siguiente:
primero se cava con
pala o "zadilla",
después se derrama
basura; a
continuación se
rastrilla para que
se deshagan los
terrones grandes, y
luego se hacen los
surcos si es
necesario.
Se suelen plantar lechugas, cebollinos, puerros, zanahorias, nabos, rosales, parras, árboles frutales, oreganeras, tomates, pimientos, pepinos, etc. Los semilleros se hacen en marzo.
AJOS: Los
ajos se siembran en
noviembre. Se
"esgrana" la cabeza
y se siembra un
grano en cada golpe,
dejando
aproximadamente diez
centímetros de
distancia entre uno
y otro. Se arrancan
a últimos de junio;
se trenzan y se
cuelgan para que no
se humedezcan
mientras se van
gastando.
LECHUGAS:
Primero se hace el
semillero. Después
se trasplantan en
surcos y se riegan.
De que crecen, se
atan por la parte de
arriba para que
echen "cobollo",
y después se van
arrancando según se
necesitan para
comer.
CEBOLLINOS:
Se cogen del
semillero uno a uno
y se trasplantan a
un trozo de tierra
ya preparado y se
riegan con un cubo
de agua del pozo del
huerto. Cuando ya
han crecido un poco,
se les echa abono.
Las cebollas se
arrancan en
septiembre. También
pueden trasplantarse
para cebolletas. En
este caso se
entierran, echan
tallo durante el
invierno, y se
arrancan en
primavera.
|
PUERROS: Se trasplantan del semillero en surco o tablar. Se llama tablar a un trozo de tierra bien rastrillado. Después se riegan hasta que agarran y, de que ya son altos, se les cava y se les echa bastante tierra para que blanqueen. Se arrancan según se van necesitando para la comida. ZANAHORIAS: Una vez hecho el semillero, se entresacan si están muy juntas, pues si no no se hacen gordas. Después se arrancan y se comen crudas o guisadas. También se deja alguna para hacer semilla. La semilla se coge en septiembre. NABOS: Los nabos se entresacan del semillero para que se hagan más gordos y, una vez crecidos, se van arrancando para comer. |
TOMATES:
Se cogen
del
semillero
y se
plantan
en mayo
o junio.
Se
pueden
sembrar
en hoyos
o en
surco.
Después
necesitan
riego y,
cuando
han
crecido,
se
cavan.
Cuando
van
echando
flor, se
les
ponen
unos
palos
para
sostener
las
ramas y
que
éstas no
caigan
al suelo
con el
peso de
los
tomates.
Los
tomates,
cuando
colorean,
se
pueden
comer
crudos,
y
también
se
pueden
embotellar
y hacer
conserva.
PIMIENTOS
: Los
pimientos se
cogen del
semillero y
se plantan
en surco o
en tablar.
Después se
riegan y, de
que son
altos, se
cavan. Se
dan
pimientos
verdes y
rojos. Los
verdes se
pueden
escabechar
-como las
guindillas-
y los rojos
se suelen
consumir
asados o
guisados, y
también en
ensalada.
OREGANERA:
La oreganera
se
trasplanta
en césped y
se riega
hasta que ha
brotado
bien. Una
vez ha
crecido,
echa flor.
Se siega de
que está ya
granada.
JUDÍAS:
Se siembran
en mayo, en
golpes. Se
echan tres o
cuatro
judías en
cada hoyo y
después se
cubre con un
poco de
basura. De
que nacen,
se cavan y,
cuando las
matas ya son
altas, se
pone un palo
en cada
golpe para
que se
enrollen los
tallos al ir
echando
flor.
Después sale
la "veina"
y, una vez
seca ésta
(en
septiembre)
se recogen,
se "esmotan"
y se guardan
secas para
irlas
consumiendo
guisadas.
PATATAS:
Se siembra
una patata
pequeña o la
mitad de una
más grande
que tenga
tallo. Se
siembran en
golpes. Se
cavan una
vez nacidas
y se
arrancan
cuando las
ramas están
secas.
FRUTALES:
Los frutales
se suelen
comprar en
algún
vivero. Se
hace un hoyo
en la tierra
y se
plantan.
Después
echan flor y
fruta a su
debido
tiempo. La
fruta se
recoge en
octubre y
después se
podan los
árboles para
que sus
ramas
crezcan con
más fuerza
al año
siguiente.
ROSALES: Los rosales se compran en un vivero o en un tiesto, o se coge un esqueje cuando se poda algún rosal. Si agarran, echan capullos y más tarde rosas. Se podan cuando se han caído las flores para que vuelvan a echar.
Arreos de las caballerías
Hemos
intentado
recopilar
aquí
los
nombres
de
los
arreos
de
las
caballerías
que
se
utilizaban
en
la
labranza,
así
como
las
piezas
de
que
se
componían
algunos
de
éstos.
BARRIGUERA:
Correa
que
pasaba
por
debajo
de
la
barriga
de
la
caballería
y
llegaba
hasta
las
varas
del
carro.
BOZAL:
Especie
de
semiesfera
de
alambre
entretejida
que
se
colocaba
en
el
morro
de
la
caballería
para
impedir
que
ésta
comiera
mies
o
hierba
a
destiempo.
BRIDÓN:
Cabezada
que
llevaba
una
especie
de
"antiojeras"
para
que
no
pudieran
mirar
los
animales
ni
para
atrás
ni
para
los
lados.
CABEZADA:
Correaje
que
ceñía
la
cabeza
de
una
caballería.
RASTRILLO:
Correa
de
la
cabezada
que
se
colocaba
por
debajo
de
la
boca
de
la
caballería.
En
algunos
casos
llevaba
una
serreta
de
hierro,
con
dientes,
que
hacía
obedecer
al
animal
con
más
prontitud.
CABRESTO:
Ramal
que
se
ataba
a la
cabeza
de
la
caballería
para
dirigirla
o
sujetarla.
APELAZO
o
MADRINA:
Cuerda
que
unía
a
dos
caballerías
cuando
éstas
iban
uncidas.
TRABILLERAS:
Correas
que
se
colocaban
por
debajo
de
la
garganta
del
animal.
FRONTAL:
Correa
que
sujetaba
la
frente
de
la
caballería.
CAMPANILLAS:
Sarta
de
varias
campanillas
que
se
colocaba
alrededor
del
cuello
de
los
machos.
Iba
unida
al
bridón
y,
al
producir
un
ruido
sonoro
y
armonioso,
estimulaba
a
las
bestias
y
hacía
que
andasen
más
deprisa.
CINCHA:
Arreo
de
lona
que
pasaba
por
debajo
de
la
barriga
del
animal
y
sujetaba
la
manta
y la
silla.
COLLERA:
Especie
de
collar
de cuero
o lona
relleno
de paja
que se
colocaba
en el
cuello
de las
caballerías.
PICURUCHO:
Parte
superior
de la
collera
que
acababa
en pico.
COLLERÓN:
Collera
de mejor
calidad
y con
más
adornos,
que no
llevaba
"picurucho",
y que se
sujetaba
al
cuello
del
animal
mediante
dos
correas
en su
parte
superior.
FRANCALETES:
Correa
que iba
desde el
collerón
hasta
una
especie
de
anillas
clavadas
a las
varas
del
carro.
COSTILLAS:
Madera
que iba
de
arriba a
abajo
por la
parte
delantera
del
collerón.
COMEDERO:
Especie
de
talega
corta,
de lona,
en la
que se
llevaba
el
pienso
de los
animales
y que, a
la hora
de
comer,
se les
colgaba
al
cuello
haciendo
la
función
de
pesebre.
CUBIERTA:
Manta de
lana de
oveja, a
cuadros
y tejida
en un
batán,
que se
colocaba
sobre el
lomo de
las
caballerías
para
evitar
el roce
de los
arreos,
el frío,
o para
recoger
el
sudor.
RAMALILLOS:
Riendas,
cabestro.
RETRANCA:
Correa
ancha, a
modo de
ataharre,
que
llevaban
las
bestias
de tiro
enganchada
a la
silla.
Cubría
la parte
trasera
del
animal,
de donde
salían
dos
cadenas
-una por
cada
lado-
que se
enganchaban
a las
varas
del
carro.
SILLA:
Arreo
que se
colocaba
sobre el
lomo del
macho y
donde se
acoplaban
otros
atalajes.
SUFRA:
Correa
que
pasaba
por
encima
de la
silla y
llegaba
hasta
las
varas
del
carro.
TARRIONES:
Sogas o
correas
que iban
de una
costilla
del ubio
a la
otra,
pasando
por
debajo
de la
parte
delantera
del
animal
para
evitar
que se
"pingara"
el
carro.
TIRANTES: Correaje que se utilizaba para enganchar un macho delante de otro
El carro de varas
Los
materiales
son
madera
de
olmo
y
hierro.
El carro está formado por una caja con cuatro "garroteras" a cada lado que van sujetas a las varas que hay a cada uno de los dos lados.
La caja tiene 4 "tapiales" uno a cada lado; el de adelante y el de atrás eran móviles y distintos a los de los lados.
En
la
parte
trasera
llevaba
una
tabla
llamada
"zaga"
que
era
la
que
unía
la
caja
del
carro,
a la
derecha
una
máquina
de
hierro
con
polea
llamada
"galga"
cuya
utilidad
era
esencial
ya
que
frenaba
el
carro;
dos
palos
alargados
en
la
parte
trasera
y
dos
en
la
delantera
llamados
"tentemozos"
y su
función
era
mantener
el
carro
en
equilibrio
cuando
estaba
parado.

El suelo o base del carro era movible, se podía quitar y unido en cada una de las esquinas por unas cadenas y un tablero se podía hacer bolsa que permitía una mayor capacidad al carro para el acarreo de la mies.
Las varas eran las que sujetaban la caja del carro. Por la parte delantera eran más estrechas y redondas, iban forradas de chapa y unas rodajas para enganchar los aperos del ganado.
Las ruedas iban unidas al eje que las sujetaba, estaban formadas por un aro de hierro, un cubo de hierro y madera donde iba metido el eje, desde el cubo al aro llevaban unos palos llamados radios.
El
carro
era
tirado
por
uno
o
dos
"machos",
el
que
se
ponía
entre
las
varas
se
llamaba
macho
de
varas,
sujetaba
al
carro
y
llevaba
los
aperos
siguientes:
un
collerón
con
dos
"flancaletes",
uno
a
cada
lado
del
collerón,
se
enganchaban
a
las
rodajas
de
las
varas;
una
silla
con
una
"sufra"
que
sujetaba
las
varas;
una
"retranca"
enganchada
a la
silla;
unas
cadenas
enganchadas
a
las
rodajas
de
las
varas,
servían
para
dar
hacia
atrás
al
carro;
una
"barriguera"
unida
a
las
dos
varas,
ésta
pasaba
por
el
pecho
del
macho
y su
función
era
que
el
carro
no
se
pingara.
El
macho
delantero
llevaba
un
collerón
con
dos
"flancaletes",
uno
a
cada
lado
y
enganchados
a
unos
tirantes
que
a su
vez
se
enganchaban
a
las
puntas
de
las
varas.
El
carretero
mandaba
a
los
machos
con
una
"tralla",
era
una
vara
unida
a
una
correa.
Solía
llevarla
colgada
del
cuello.
También existió el carro de ubio, era similar al de varas, tenía una pértiga en mitad de la caja del carro, los machos se ponían uno a cada lado de la pértiga y así como el de varas podía ser tirado por un solo macho, en el de ubio era necesario poner dos machos.