
Uno de los
espectáculos que se pueden disfrutar en Puerto de San Vicente, es contemplar el
impresionate vuelo de los Buitres Leonados, aquí tenéis
información sobre ésta preciosa ave:
De tamaño mayor que un águila, su envergadura alar puede ser de hasta 260 cm. En vuelo sus alas parecen tablas. Las bate con las primarias abiertas y desplegadas, el cuello recogido y la cola corta.
Tiene una coloración canela en el plumaje del dorso, el vientre y la franja anterior de las alas, mientras que el resto de las plumas alares y de la cola son pardas oscuras. La cabeza y el largo cuello están cubiertos de un plumón blanco. Posee un característico collar de largas plumas leonadas. El pico es pardo en el centro; su base y su punta son amarillas. Los pies son de color gris plomo.
El buitre es un planeador nato, que apenas bate sus alas, ganando altura rápidamente con sólo imperceptibles movimientos de la cola. Desde el suelo arranca dándose un impulso.
Hábitat:
Forma colonias en los cortados, los acantilados y las paredes rocosas, independientemente de que éstos se hallen en macizos montañosos o en zonas altitudinalmente bajas. Suele hallarse en las repisas de los cantiles hacia el amanecer, a la espera de que el sol caliente el aire y se formen las corrientes térmicas sobre las que planear. De este modo el buitre vuela a lo largo de todo el día sin apenas gastar energía. Al atardecer regresa a la buitrera para descansar. Aunque es un ave sedentaria, los individuos más jóvenes pueden recorrer grandes distancias apartándose de sus progenitores. Está presente en casi toda la Península Ibérica, salvo en Galicia, el oeste de Asturias y algunas áreas del levante.
Reproducción:
El tiempo de celo empieza en diciembre y termina en abril. Antes del apareamiento, el macho corteja a su hembra de forma grotesca y primaria. Las parejas vuelan unidas realizando pasadas rápidas sobre la cornisa donde próximamente nidificarán. Incuban en acantilados llamados "buitreras", que datan de tiempos inmemoriales. Ambos sexos participan en la construcción del nido, elaborado con palos, paja y pelo. Ponen a finales de enero. La incubación del único huevo dura unos 52 días y está a cargo de ambos progenitores, que se turnan a intervalos de 24 ó 48 horas. El pequeño abandonará el nido en julio o agosto.
Dieta:
Se alimenta de carroña, la mayoría de las veces en franca descomposición y otras en fase incipiente. En áreas donde son habituales los buitres, se les ve reunirse alrededor de una animal muerto con una rapidez inusitada, en nuestro pueblo antiguamente se reunían en las cercanías del cementerio dónde se abandonaban animales muertos. Todo el día lo pasan colgados a enormes alturas, donde son invisibles al ojo humano, lanzándose hacia abajo con las alas semirrecogidas y las plumas crepitando. Cuando uno desciende, los demás le imitan. Una vez llegado junto a la carroña, el buitre se comporta de una manera desmesuradamente tímida. Pero una vez ha dado comienzo su comilona, se enzarzan en espectaculares peleas, en las cuales suele quedarse con la mejor tajada el que llegó más hambriento.

Desde últimos de septiembre, los claveros de los bosques se llenan con sonidos excitados. Se inicia la berrea y los machos de ciervo elevan sus corvas, bramando a los cuatro vientos. Luego, comenzarán las peleas por hacerse con un harén de hembras a quien transmitir los genes para generaciones venideras.
Los
berridos pronto son sustituidos por el ruido, más violento, del entrechocar
de las astas. Pero, las peleas son incruentas. Las cuernas golpean y se enredan
entre sí, sin llegar a herirse ningún contrario. Tan sólo se limitan a mostrar
su fuerza al contrincante, aunque, en ocasiones, acaban exhaustos y, algunas
veces, las menos, se quedan enganchados y mueren por no poder separarse.
Entre mediados y últimos de septiembre, los ciervos machos adultos se encuentran
en su máximo esplendor. Lucen sus cuernas altivos y orgullosos, a sabiendas de
que las hembras se hallan preparadas para concebir. Los machos no sólo braman y
pelean en los claveros; también escarban y orinan sobre la tierra, formando un
barrillo en el que se revuelcan para delimitar su territorio.
Tras varios días de luchas agotadoras, los machos ganadores cubren a las hembras
de sus harenes. Después de ocho meses de gestación, darán a luz, en el mes de
mayo, a una sóla cría (raramente, dos) denominada jabato o cervatillo, quién,
nada más nacer, se pondrá en pie con ciertas dificultades y comenzará a mamar.
Los cervatillos son miméticos y adoptan diversas posturas con el objeto de pasar
desapercibidos durante toda su época infantil. Mamará durante unos cuatro meses
y permanecerá junto a la hembra hasta el siguiente parto.
Octubre es un mes muy peculiar. Durante septiembre,
la mayor parte de los árboles han engordado sus frutos para que, en este mes,
maduren y estén a disposición de todos los moradores de la naturaleza en su
justo punto. Castañas, avellanas, nueces, hayucos y bellotas caen al suelo como
un maná que proporcionará a los animales una buena capa de grasa para pasar sin
sobresaltos el inminente invierno. Otras plantas también dan frutos: el serval
de los cazadores, el madroño y el acebo se convertirán en excelente alimento
para los meses invernales. Las setas empiezan a abundar: boletos, coprinus y
champiñones se hallan por doquier.
Con esta oferta culinaria no es extraño que entren en la Península Ibérica
oleadas de migradores invernales, como patos, garzas, palomas torcaces, zorzales
y currucas. Pero, sobre todo, destaca la invernada del ansar común y de la
grulla, que llegan en perfectas bandadas geométricas que se anuncian a
trompetazos que resuenan en el cielo varios kilómetros antes de verlas.
Es octubre un mes de amoríos entre los grandes hervíboros que habitan el bosque.
Comienzan los primeros escarceos de muflones, rebecos y cabras montesas y se
hallan en pleno celo los gamos, inconfundibles por sus profundos y cortos
ronquidos y, sobre todo, los ciervos, que dejan oír sus bramidos y el
entrechocar de sus cuernas durante todos los días de este mes. Es tiempo de
berrea.
Curiosamente, las cuernas, protagonistas de las luchas de la berrea, es una
característica propia de los cérvidos actuales, pues sus antepasados más remotos
carecían de la misma. No fue hasta el Plioceno cuando aparecieron las
cornamentas complejas y ramificadas que conocemos en la actualidad. La
consecución de estas astas es un extraño caso evolutivo, ya que los ciervos la
pierden y renuevan anualmente, lo que supone un tremendo esfuerzo metabólico.
Por qué una vez alcanzada esta magnífica cuerna, el animal no la mantiene a lo
largo de su vida sin mudar es un enigma aún sin resolver y, desde el punto de
vista energético, constituye un claro despilfarro, cosa poco habitual en el
reino animal.
De este modo, a últimos de marzo, el ciervo sufre la pérdida de las astas o
desmogue. Pocos días después, comienza a crecer la nueva cuerna, lo que supone
un esfuerzo para el ciervo que, durante los cuatro o cinco meses de formación,
tiene que asimilar varios kilos de sales cálcicas y fosfóricas. Las cuernas
crecen recubiertas de una piel muy vascularizada y sedosa denominada terciopelo
o borra.
En el mes de julio, la cuerna alcanza su tamaño máximo y el alto nivel de
testosterona en la sangre hace que el terciopelo se quede sin irrigación
sanguínea y, por tanto, muera. Para ayudar su caída, el animal se frota contra
los árboles en lo que se conoce como escoda. Liberada de su recubrimiento
sedoso, el asta presenta un color blanco al principio, para luego amarronarse.
Las cuernas no son su único carácter identificativo, pues suelen marcar sus
territorios con glándulas odoríferas, que poseen en los lagrimales del ojo, y
con orín, durante el celo.
El rey del bosque:
El
ciervo es un gran herbívoro que presenta un pelaje uniforme de color
pardorrojizo, durante los meses de primavera, y que vira a gris, durante los
meses de invierno. La magnífica estampa de este cérvido se fundamenta en unas
patas largas y fuertes y un cuerpo estrecho unido a un gran y robusto cuello
que, al erguirse, le proporciona un aspecto muy estilizado, terminando en una
cabeza fina rematada por dos pabellones auriculares de gran tamaño, lo que le
confiere una agudeza auditiva excepcional.
En verano y en otoño, los machos presentan una gran cuerna muy ramificada.
mientras que la hembra no dispone de astas. Por último, en la región anal, se
aprecia una mancha blanquecina, visible sobre todo cuando el animal levanta la
cola, que es de un tamaño relativamente pequeño en relación al volumen del
animal.
Considerado por muchos como el rey del bosque, habita, fundamentalmente, en
bosques caducifolios, mediterráneos y mixtos con amplios prados donde pastar.
Las preferencias por un tipo de bosque u otro viene dada por la cantidad de
alimento que pueden conseguir a lo largo del año. Por contra, no se los
encuentra en zonas montañosas sin arbolado, pues se manejan muy mal en la marcha
sobre rocas desnudas.
El ciervo es un animal muy errante y no tiene encames que visite con asiduidad,
sino que se acuesta en cualquier lugar que encuentra conveniente. Es un gran
saltador y nadador y suele revolcarse en el cieno con la intención de quitarse
parásitos. Sus habitos son, generalmente, crepusculares y nocturnos, de tal modo
que, durante el día, se dedica a descansar a cubierto de sus enemigos.
Normalmente gregario, constituye manadas de machos solos, por una parte, y
hembras con cría, por otra. Los rebaños de ciervas son auténticos matriarcados
dirigidos por una vieja hembra que establece una rígida jerarquía entre las
demás. Es ésta la encargada de desplazar y detener al grupo y elegir los lugares
de descanso y la comida de la manada.
Los cérvidos se mantienen con una dieta exclusivamente fitófaga, es decir, se
alimentan de hierbas y gramíneas que toman pastando en los prados. Ramonean
tallos tiernos, yemas de árboles jóvenes y cortezas. También comen hayucos y
bellotas, castañas y moras y precisa descansos prolongados para realizar la
rumia de los materiales herbáceos acumulados en su panza.
Ficha Técnica:
Orden: Artiodactilos
Familia: Cérvidos
Género: Cervus
Especie: Cervus elaphus
Subespecies: Cervus elaphus bolivari (el más común)
Cervus elaphus hispanicus (Parque Nacional de Doñana)
Longitud: de 160 a 250 cms.
Peso: de 100 a 250 kilos. Las hembras son un tercio menos pesadas
Altura a la cruz: de 110 a 150 cms.
Cola: de 12 a 15 cms.
Formula dentaria:
Arriba: I 0-0; C 1-1; PM 3-3; M 3-3
Abajo: 4-4; 0-0; 3-3; 3-3
Epoca de celo: de septiembre a octubre
Dónde verlos: Montes de Toledo, Cabañeros, Doñana, Sierra Morena, Sierra de San
Pedro y El Pardo.

Todo comenzó con esos comentarios que todos los pescadores oímos en las tertulias de fin de semana. "Cijara está dando muchos basses, los lucios no son tantos, pero los hay muy grandes, hasta pican en superficie...". Dicho y hecho. Había que programar una salida en busca de estos peces.
No
recuerdo el día exacto de la salida en cuestión. Creo que se trataba de finales
de septiembre, pero lo que sí estaba fuera de toda duda era la gran ilusión con
la que cuatro pescadores (dos en barca y otros dos a pie, aunque pensábamos
turnarnos) nos encaminábamos hacia el embalse. Tras los inevitables preparativos
de todos los aperos, ese gusanillo que todos sentimos en el viaje hacia el
escenario de pesca se iba haciendo patente. Según llegamos, nos encontramos con
los primeros pescadores y las típicas conversaciones sobre el fin de semana
anterior, en el que se habían dado muy bien los basses, todo lo contrario que el
lucio si pescabas desde orilla y con no demasiadas posibilidades en aguas
abiertas.Cijara
ha soportado una presión de pesca importante en los últimos meses, no en vano se
encuentra a una distancia razonable de Madrid, y mucho más cerca de provincias
tan "pescadoras" como Toledo. Aún así, la pesca no parece resentirse, más bien
al contrario.
Técnicas empleadas
Dado que la temperatura ambiente no era demasiado elevada para las fechas en las
que nos encontrábamos, parecía posible invertir una gran cantidad del día en la
utilización de señuelos de superficie, poppers, "hélices" y buzzers,
principalmente.
Estos peces del Guadiana
están especialmente predispuestos a atacar este tipo de señuelos de superficie,
o por lo menos así lo pensamos por otras experiencias anteriores en las que la
pesca en poca agua, además de espectacular y divertida como ninguna, era la más
efectiva.
El hecho es que comenzamos a
pescar y no tardamos en conseguir las primeras capturas, pequeños basses que
rondaban los 25 cm y un único lucio que quizá llegara al kilo de peso. A medida
que avanzaba el día, cada vez parecía más difícil conseguir capturas en estas
aguas someras, y no sólo de lucios, también el bass comenzaba a retirarse a
aguas profundas y lejanas de la orilla. Además, y aunque abundantes, los basses
parecían muy metidos en los árboles y matojos sumergidos, pues un error en el
lance de apenas unas decenas de centímetros era la diferencia entre provocar
picadas o no conseguir ninguna respuesta. La temperatura no era elevada y esta
retirada de las orillas, más propia del pleno estío nos sorprendía.
Intentamos buscar otras
zonas, muy a nuestro pesar, pues las orillas someras y llenas de vegetación eran
de los más sugerentes, y empezamos a pescar puntas de piedra y orillas más
profundas. En estos escenarios, cerca de los viaductos, por los alrededores de
Santa Quiteria, y dada la mayor profundidad, parecía posible que pescáramos
algún ejemplar de más talla, pero se hacían de rogar. Transcurridas más de dos
horas desde nuestro cambio de estrategia, apenas habíamos logrado tres basses
que rondaban el medio kilo, y trabajando lo nuestro con unos vinilos que
imitaban a cangrejos. En lo que se refiere a los lucios, ya lo dábamos por
perdido hasta las últimas horas del día. Es probable que se hubieran desplazado
a aguas muy profundas.
¿Y
los peces grandes?
Nos cruzamos con otras barcas y algunos pescadores de orilla, y por aquello del
"mal de muchos, consuelo de..." nos encontramos algo mejor de ánimo. Algunos
apenas habían tocado la pesca. También es cierto que otros habían capturado
varias docenas de ejemplares, pero nadie había conseguido un solo bass por
encima del kilo de peso.Parece
mentira que con tal cantidad de picadas, no seamos capaces de capturar ningún
pez
de talla, por lo que cambiamos de nuevo de tipo de orilla y buscamos zonas con
mucha vegetación y profundidad en torno a los cuatro metros. Es posible que la
unión de estos dos factores nos permitan mejores resultados. ¡En algún sitio
tienen que estar !.
Las primeras capturas se
encargan de proporcionarnos algunas nociones acerca de lo que más tarde
confirmaríamos, y es que estos bases regurgitaban pequeñas percasoles en la mano
mientras los desanzuelábamos, y parecía el único alimento que tenían; ni
cangrejos, ni bogas. Comenzamos a emplear crankbaits de medias aguas en tonos
anaranjados... y comenzó el espectáculo. Los basses se encontraban suspendidos
en medias aguas (quizá en un par de metros) y bastante alejados de la orilla,
con lo que, una vez localizados, pudimos comenzar a pescar casi en cada lance.
En apenas un par de horas, clavamos más de veinte, pero todos iguales. Ni
siquiera uno sobrepasaba el medio kilo de peso. El caso es que, con tanto
movimiento, no parecía lógico que nos quejaramos.
Atardecer de lucios
Con apenas un par de horas de luz por delante, quedaba la asignatura pendiente
de intentar capturar algún lucio de buen tamaño. De nuevo nos desplazamos a una
zona con mayor profundidad y grandes rocas sueltas formando grietas en las que
preveíamos la posibilidad de algún gran ejemplar. La técnica elegida fue jiggin'
con señuelos de vinilo.
Esta pesca es muy lenta, incluso aburrida, si la comparamos con la superficie, pero tiene el aliciente de la posibilidad de obtener grandes capturas. Es imprescindible escudriñar lentamente cada metro de terreno, incluso repitiendo el lance si nos ha quedado la más mínima duda. De esta forma, obtuvimos pocas picadas -a decir verdad, sólo dos- pero una de ellas se correspondía a un lucio cercano a los cinco kilos que desgraciadamente se desclavó justo cuando ya lo teníamos al alcance de la mano. El otro era un joven "lapicero" de cuarenta o cincuenta centímetros, impropio de estas profundas paredes con más de media docena de metros de profundidad.
Un
embalse con mucho juego
Cijara cumplió con las expectativas que nos había llevado hasta sus aguas: un
fantástico entorno y mucha pesca. Es cierto que se echa de menos la captura de
peces realmente grandes, sobre todo en cuanto al bass, pues lucios de alrededor
de ocho kilos sí salen con relativa frecuencia. Además, y teniendo en cuenta su
extenso perímetro, soporta perfectamente la presión de muchas barcas y todos los
pescadores de orilla que queramos. Sin duda es un embalse al que volveremos con
frecuencia, siempre cabe la sorpresa en un lugar como este.


El jabalí (Sus scofra) es un ungulado artiodáctilo de la familia de los suidos, grupo que en Europa incluye sólo esa especie y el cerdo doméstico. Hasta el momento se han descrito más de veinticinco subespecies de jabalí. Las poblaciones europeas corresponden mayoritariamente a la subespecie nominal (Sus scofra scofra). Sin embargo, en España se han descrito dos subespecies diferentes: S. scrofa baeticus, de menor tamaño y restringida al sur de Sierra Morena, y S. scrofa castilianus, que se encontraría en el resto de la península y se diferenciaría por disponer de un manto de borra bajo la capa de cerdas. La diferenciación de S. scrofa castilianus con respecto a la especie nominal europea no ha sido aún suficientemente clarificada. El aspecto del jabalí es similar al del cerdo, con el cuerpo macizo y robusto y las patas fuertes y cortas, al igual que el cuello y la cola, aunque ésta no se enrosca como la del cerdo. La cabeza es grande y se alarga hacia el morro, la jeta, que remata en un hocico plano. En los machos adultos sobresalen dos grandes caninos inferiores que se denominan colmillos o navajas. Su cuerpo aparece recubierto de fuertes cerdas de color pardo oscuro, bajo las que asoma una capa de espesa borra. El conjunto da una tonalidad muy oscura, casi negra, aunque es variable dependiendo de los individuos y de la edad. Las crías, presentan unas bandas blancas en el lomo y los laterales que les sirven para camuflarse y han dado lugar al apelativo de rayones con que se las conoce. En torno a los seis meses, dichas bandas blancas desaparecen y los jóvenes adquieren un tono rojizo homogéneo, pasando a ser denominados bermejos. Los jabalíes asturianos no suelen sobrepasar los 100 kg de peso para los machos. Las hembras son más pequeñas y carecen de colmillos, teniendo en general un aspecto más grácil. Su capacidad de adaptación a todo tipo de terrenos le permite habitar la práctica totalidad del territorio, desde la costa a los bosques de montaña, con la única condición de que existan áreas boscosas o de matorral en las que refugiarse durante el día. La dieta es omnívora e increíblemente variada, pues, aunque consuma gran cantidad de raíces suculentas y frutos secos, come también insectos, gusanos, roedores, carroña e incluso basuras, pudiendo adaptarse en cada momento al recurso trófico más asequible. Su fino olfato le permite detectar el alimento bajo el suelo, revolviendo entonces la tierra con los colmillos hasta alcanzarlo. De costumbres nocturnas se mantiene activo desde el atardecer al amanecer y descansa durante el día refugiado en áreas de denso matorral. El macho generalmente lleva vida solitaria, mientras que la hembra permanece con las crías formando una piara, que en ocasiones puede integrar varios grupos familiares. Machos y hembras sólo se unen durante la época de celo, que tiene lugar entre los meses de noviembre y diciembre. Cada macho puede cubrir a varias hembras de la misma o diferentes piaras, produciéndose violentas peleas cuando se da la coincidencia de varios machos. Tras la gestación, que dura cuatro meses, la hembra pare entre dos y seis crías, dependiendo de la edad y peso de la madre. En Asturias se ha calculado una media de 5.8 fetos por hembra. Si las condiciones climáticas son buenas y el alimento abundante, el celo puede adelantarse al mes de septiembre y los partos a enero. En ocasiones se detectan incluso celos primaverales que dan lugar a partos en el mes de agosto.Los rayones maman durante tres o cuatro meses. Los machos suelen abandonar el grupo al año de edad, realizando entonces traslados de hasta cincuenta kilómetros de longitud que permiten la renovación e intercambio genético entre poblaciones alejadas. Las hembras suelen permanecer con la madre, formando piaras familiares que integran varias generaciones y son lideradas por la hembra de mayor edad. La abundancia del jabalí hace que su actividad sea claramente visible en cualquier área arbolada de Asturias. Especialmente evidentes son las huellas de su actividad excavadora, fozaduras, en prados, pastizales o cultivos y las señales en los charcos a donde acude a desparasitarse, restregándose en el barro.
El jabalí es una especie muy cosmopolita, distribuida por la práctica totalidad de Asia y Europa, a excepción de las áreas más norteñas de clima casi boreal. Así, falta en el norte de Rusia y en la Península de Escandinavia. En las Islas Británicas su extinción se produjo hace ya dos siglos. De forma natural ocupa también algunas áreas del norte de África, principalmente Marruecos. En España está ausente sólo en las islas, siendo abundante en la totalidad de la península. Las densidades más altas corresponden no obstante al noroeste peninsular, donde viene disfrutando en las última décadas de un importante incremento poblacional. En Asturias se distribuye por la práctica totalidad de la región, constituyendo la pieza cinegética más frecuente, apreciada además por formar importante de la gastronomía local. Sin embargo, la cuantía de los daños a la agricultura hace necesarias medidas de control poblacional más eficaces que el incremento en la presión cinegética, medidas que pasan también por la protección de los cultivos más sensibles mediante cercas eléctricas o mecanismos similares. El incremento de la población de jabalí parece relacionarse con el sustancial abandono del campo por parte de la población rural y la reducción de tierras de labor que ello conlleva, transformadas paulatinamente en áreas de matorral utilizables por la especie. A dicho incremento contribuye sin duda la extraordinaria tasa reproductiva del animal y la escasez de predadores naturales.
Las modalidades y demás normas relativas al periodo anual de caza del jabalí se recogen en la Disposición General de Vedas, que se renueva anualmente. En general, la caza se autoriza en la modalidad de batida con perros entre los meses de septiembre a enero, autorizándose entre tres o cinco piezas adultas por cacería en función del terreno cinegético de que se trate. La caza de rayones se considera prohibida. Este módulo te permite escribir textos sin título. Eso lo hace muy versátil. Puedes colocarlo en diferentes lugares de tu web y utilizarlo para complementar otros apartados. Sólo tienes que editarlo y cambiar este texto por el que más te interese. Él mismo se adaptará automáticamente a la longitud de tus líneas.

Víbora venenosa de cuello delgado, puede llega a medir hasta 70 cm. Con cabeza
triangular, es muy característico el dibujo en zig-zag que a menudo presenta
sobre su dorso. Su coloración es muy variada, dependiendo de su edad, época del
año, zona donde habita y si es macho ó hembra. En ocasiones tiene una "V"
invertida sobre la cabeza. El iris de los ojos es amarillo y el extremo del
hocico está algo recurvado acabado en unas escamas. Los colmillos los tiene
adelantados y curvos a través de los cuales fluye el veneno.
Habita
generalmente zonas abiertas con matorrales, lugares cálidos y secos:graveras,
muros, taludes etc... Está activa tanto de día como de noche, se esconden en un
hoyo del suelo o entre las rocas. Entra en letargo durante noviembre y sale en
febrero, aunque puede interrumpirlo en días soleados, suelen enrollarse varias
juntas en un mismo sitio.
El celo comienza
en el mes de marzo y la gestación dura entre 3 y 5 meses, el cortejo comienza
con una lucha ritual entre machos, delante de la hembra; los machos
intentan intimidar a sus vecinos irguiéndose en forma de "S", si ninguno
abandona el terreno se persiguen unos a otros e intentan enrollarse entre sí.
Nunca intentan morderse, así que no se ocasionan ningún daño.
Son ovovivíporas,
la hembra mantiene los huevos en su cuerpo hasta el momento que nacen las crías,
cada una puede parir de 2 a 18 crías, que miden unos 17 ó 20 cm. En octubre se
puede producir un nuevo periodo de celo. Muda tres veces al año.
Es una víbora de movimientos lentos, pero agresiva y peligrosa para el hombre,
captura sus presas al acecho o introduciéndose en su galerías.
Se alimentan de
pequeños mamíferos como: ratones, topillos, aves jóvenes y lagartos. Los
animales jóvenes comen lombrices de tierra e insectos. De carácter tranquilo,
huye ante el peligro, en el caso de ser acorralada avisa con soplidos, pero si
es capturada, se defiende mordiendo en la mayoría de los casos.
El veneno de esta
víbora es lento y muy doloroso, coagula la sangre y destruye el epitelio de los
vasos sanguíneos y causa en sus presas hemorragias, parálisis, llegando hasta la
muerte. Es la mas peligrosa de las víboras europeas, en cuanto a la toxicidad de
su veneno.